Parque Natural Cabo de Gata-Níjar: Un decorado de película donde el protagonista eres tú

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Ni siquiera las nubes parecen moverse con el viento. La quietud del paisaje te hace soñar que todo forma parte de un decorado que temprano por la mañana han dispuesto para ti y por eso te sientes una persona privilegiada beneficiaria de horizontes de colinas superpuestas. Si te sales del camino por ejemplo para hacer una fotografía, te consideras tan intruso como las invasoras medusas.

Tampoco los colores parecen querer quebrar el silencio, ausentes los estridentes colores primarios siendo sustituidos por añiles, ocres, cobrizos y grises tanto en las rocas como en la vegetación. La ropa de la gente quiere seguir esta tendencia sobre gasas y algodones en atuendos anchos, sueltos y ligeros que se pueden encontrar en las numerosas tiendas coquetas que mágicamente no han conquistado las grandes cadenas.

El movimiento se sitúa sumergido y para descubrirlo necesitas ponerte gafas ya que allí aún no llega google maps. Bajo la superficie continúa por fortuna el silencio entre peces, algas, erizos y conchas. Incluso el ruido de los niños que exploran y juegan, aparece amortiguado. Sus padres, que parecen sacados del manual de cómo ser padre perfecto, les explican y acompañan con afán didáctico. En la orilla, las rocas y la arena imitan a las olas y a las formas orgánicas de Gaudí. En la playa se respira más despacio.


Y llegamos a Carboneras en los confines del parque. Mostrando el poderío de forma abrupta y abusona se te sobreviene la enormidad de la central eléctrica. Sales de la ficción conducido por la autovía y vuelves a ver tu supermercado usual y el paseo marítimo hasta con parque acuático inflable, el último nefasto símbolo de la invasión del mar. El pintado y repintado con eslóganes hotel del Algarrobico está fuera de la localidad: solo, postizo y tan desproporcionado en la playa como la nariz pegada al hombre del verso de Quevedo.

En España creemos que lo que no posee protección especial no merece cuidado alguno. 


Fotos: Conchi Navarro, julio 2014.


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