Nicole Kidman, su ropero inglés en “Un largo viaje”

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Vimos ayer la película “Un largo viaje” (The Railway Man) del director Jonathan Teplitzky, con producción australiana y británica. El film, basado en una historia real, se desarrolla en los años 80 en Escocia con saltos adelante y atrás en el tiempo hacia 1942 y la caída de Singapur durante la II Guerra Mundial. Colin Firth y Jeremy Irvine interpretan al mismo personaje en estos dos momentos de su vida de manera muy interesante e intensa, mientras que Nicole Kidman, fiel a su impasibilidad, adopta el papel de la esposa del protagonista, Eric Lomax.


Disfrutamos las dos horas de película, yo –como anglófila que soy- fijándome de manera especial en el trabajo de la diseñadora de vestuario Lizzy Gardiner con respecto a Nicole Kidman, a quien caracteriza como representante ideal de mujer inglesa cultivada y educada. Esta descripción de lo que una mujer inglesa elegante debe llevar me la explicó, precisamente en los años 80, una profesora de clases particulares que tuve en Inglaterra, quien me dijo que el perfecto exponente de tal forma de vestir era la Reina.

La ropa tradicional british en primer lugar huye de colores chillones, centrándose principalmente en marrones, grises y verdes botella. Claramente debe tener en cuenta la climatología de las islas, así que abrigos, trenkas e impermeables son prendas indispensables. Confortables y gruesas para que cumplan bien su función. Nicole Kidman luce tres abrigos (dos grises y uno verde) y una trenka marrón claro con la vuelta de cuadros. También podemos ver a la actriz con un impermeable y –cómo no- con botas de agua de caña larga, las típicas wellingtons o “wellies”. Para ayudar con el frío y el viento, el ropero inglés incluye gorros y sombreros, y también los pañuelos anudados cubriendo la cabeza. A la Kidman el gorro azul de lana le queda como un guante, ¡los guantes tampoco pueden faltar! Se la ve conduciendo con ellos.


Después, cuando entramos en los interiores, tenemos los jerseys y rebecas o cárdigans abotonados de algodón, lana inglesa o cachemir (dependiendo de lo que queramos invertir). Y por último las blusas de seda con o sin lazada y las faldas rectas o con tablas con longitud dos dedos por debajo de la rodilla. No pueden faltar el estampado de pequeñas flores (tipo Laura Ashley) en las blusas y vestidos, siempre en tonos pastel, como el que lleva la actriz en una de las últimas escenas de la película.



Como complementos, tenemos zapatos bajos o con poco tacón, bolsos clásicos, pañuelos de seda al cuello, combinando un par de colores, y joyería discreta con un toque antiguo si puede ser, como el anillo que luce Nicole Kidman.


Lizzy Gardiner, quien ganó un óscar por el vestuario de “Priscilla, reina del desierto”, no ha incluido (creo) ninguna prenda con el típico tartán escocés, quizás para que no resultara demasiado esteriotipado.

Como características generales, un inglés se decanta por prendas resistentes, duraderas y de buena calidad, a prueba de modas pasajeras. Ese es el paradigma de la elegancia british. Tal vez en el metro de Londres no encontraríamos muchos ejemplos, pero si viste esta semana a Jeremy Irons en El hormiguero, ya sabes de qué hablamos. 




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