Para mantenerte joven: estrés a raya

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Somos en gran parte conscientes de la importancia de la dieta, del deporte o de no fumar en nuestro afán por mantenernos jóvenes o –mejor dicho- por llevar nuestro inevitable proceso de envejecimiento en las mejores condiciones físicas posibles, con el fin de sacar más vida a los años. Sin embargo, tal vez no sabemos que el estrés es causa de envejecimiento acelerado al mismo nivel o superior que estos otros factores antes mencionados.

Una situación de estrés se vive por parte de nuestro organismo como una situación de ataque o agresión durante la que se liberan hormonas: cortisol, norepinefrina y adrenalina. Estas hormonas son las que nos preparan para la defensa o la huida –como en los tiempos en que teníamos que defendernos de los ataques de los animales- incrementando nuestra presión sanguínea y nuestra fuerza para luchar o correr. Pero a la vez colapsan procesos de nuestro organismo -como la digestión, la reproducción, o los procesos de reparación de las células- que nuestro cuerpo no considera tan prioritarios en ese momento.
Es por eso que en una situación de estrés continuada (no infrecuente en la sociedad en la que vivimos), con su consiguiente liberación de cortisol sostenida en el tiempo, nuestro sistema inmunitario se ve afectado, estando más proclives a contraer enfermedades. Y cuántas veces hemos comentado: “tengo los nervios cogidos al estómago”.


El cortisol además incrementa nuestros niveles de azúcar y de sodio en sangre poniendo en aprietos a nuestro sistema cardiovascular. Por supuesto que también se ven comprometidas nuestras habilidades mentales como la concentración, la memoria o el razonamiento –a esto ayuda que nuestro sueño se ve asimismo alterado-.


No podemos escapar del estrés, pero debemos intentar minimizar nuestra tendencia a la prisa constante, las preocupaciones y la tristeza. Ya que las dificultades y problemas son consustanciales con el mismo hecho de vivir, acomodémonos a ellas y no dejemos que dirijan nuestra vida.

Podrás encontrar muchos libros y estrategias que te ayudarán a gestionar el estrés y los contratiempos de la vida, pero te adjuntamos hoy una muy simple y fácil de recordar: ¡sonríe! (Elsa Punset, El mundo en tus manos):
Cuando te sientes feliz el corazón te late más despacio porque tienes menos miedo, y sonríes que es una señal de apertura y vulnerabilidad a los demás. Lo curioso es que también funciona al revés: cuando sonríes, aunque no tengas ganas, generas una química que te hace sentir mejor. La risa incrementa nuestros niveles de serotonina, una hormona que nos aporta bienestar, así que si quieres sentirte mejor sonríe, aunque no tengas ganas. 


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