Mastica despacio: la digestión empieza en la boca

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Viendo la tele, consultando el móvil, de pie en la barra de un bar… quién no participa en alguna medida de estos hábitos durante la comida o el desayuno. Sin darnos cuenta, al comer de manera descuidada y rápida, estamos dificultando nuestra digestión -y por tanto el funcionamiento adecuado de nuestro metabolismo- desde el principio.

Masticar es la única parte de la digestión que podemos controlar conscientemente. ¡Así que vamos a darle la importancia que merece! Volvamos a recordar por qué debemos masticar bien:

  • Porque partimos la comida en trozos pequeños. Así aumenta la superficie de contacto con las enzimas que los digieren y con la mucosa intestinal que los absorbe. Si la comida no está lo suficientemente masticada se sobrecarga de trabajo al resto del tracto digestivo. Tendrán que producirse más jugos gástricos para poder romper esos grandes trozos de comida.
  • Porque la comida se mezcla con saliva, y la saliva contiene la enzima amilasa la cual descompone los carbohidratos (los almidones) en glucosa y maltosa y de esta manera pueden ser digeridos y absorbidos mejor durante el resto de la digestión. Además la saliva lubrica la comida y la hace más fácil de tragar. 
  • Porque aumentaremos nuestra sensación de saciedad y comeremos realmente la cantidad que necesitamos. Hemos de dar tiempo para que puedan actuar las hormonas que nos avisan de que estamos llenos, que es de unos 20 minutos.

Comer deprisa provoca que traguemos más aire del debido, por eso nos ocupamos con verdadero interés de que nuestros bebés no tomen el biberón muy rápido: sabemos que eso les provocará los molestos gases. Pues para nosotros es igual y sin embargo, no ponemos el mismo empeño en evitarlo.


Haciendo pequeños cambios podemos obtener grandes resultados. Te proponemos hoy sentarte a la mesa con una nueva perspectiva: ser consciente de la importancia de la comida que vamos a tomar. Aunque pensándolo bien, esta actitud no es nueva sino la recuperación de la visión que de ese momento tenían nuestros abuelos, cuando conseguir los alimentos no era la tarea prosaica, e incluso fastidiosa, de ir una vez en semana al supermercado.

EN RESUMEN:
Dentro de la boca, la lengua mezcla la comida con saliva: suaviza y lubrica la comida; contiene la enzima amilasa que inicia la descomposición del almidón. El sistema nervioso controla la salivación: probar, oler, e incluso el pensar o hablar de comida estimulan la salivación.


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